La ciudad y el Cuarto Sector

¿Que puede aportar la ciudad a El Cuarto Sector?

Una de las frases más populares de Internet, atribuida a Gordon B. Hinckley dice “si estás interesado en ver cómo será el futuro, tienes que observar a las generaciones venideras”.

Esta afirmación cobra sentido cuando observamos el comportamiento de las nuevas generaciones al momento de entrar en la economía convencional: Según Cifras del Echo Global CSR Study (2017), el 55% los “Millennials” de Estados Unidos de América prefieren comprar productos con impacto positivo social o ambiental, El 70% hace donaciones y el 46% se negó a comprar productos y servicios de compañías al enterarse de que impulsa programas contrarios a sus valores.

En España, según el estudio realizado por Universo Crowdfunding, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid “Informe sobre Crowdfunding en España 2017”, la financiación colectiva recaudó en España 101.651.284 € en 2017, un 35,33% más que en 2016.  Estos datos reflejan de una forma clara la participación activa de la ciudadanía en la construcción de su realidad.

A este fenómeno se suma el surgimiento a nivel mundial de un nuevo tipo de organizaciones “híbridas”, que nacen a partir de empresas, entidades públicas o sociales, que trascienden las características propias de su sector (1º Privado, 2º Público, 3º Social), y cuyo propósito es la generación de un triple impacto (económico, ecológico y social) en la sociedad.

Tenemos la fortuna de poder participar del diseño, prototipado y escalado de este nuevo tipo de organizaciones, que trabaja de forma distribuida, abierta y “glocal”. Y en niveles superiores se convierten en redes y comunidades (en muchos casos) internacionales que están transformando la relación producción – distribución – consumo.

“Nuevos Modelos Económicos”

Dos años después de la crisis del 2008 en distintas partes del mundo y de manera casi sincronizada sucedieron varios hitos muy importantes para el futuro de la economía: en Europa, Christian Felber publica el libro “La Economía del Bien Común”, y echa a andar en Inglaterra la Fundación Ellen MacArthur para impulsar la Economía Circular. En Estados Unidos se publican dos libros, “What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption”, de Rachel Botsman y Roo Rogers, y “The Blue Economy” de Gunter Pauli.

Esta explosión de conocimiento en el sector, mezclado con el “boom” de las redes sociales (Twitter tenía apenas dos años de fundado) y el papel de la ciudadanía como “nuevo” agente de cambio, generó un efecto de transformación social a gran escala, llegando hoy a contagiar inclusive algunos de los productos de grandes marcas como Toyota, Ikea o Nike, y cuyo impacto nos es aún desconocido.

En 2015, Italia se convierte en el primer país del mundo en reconocer legalmente este tipo de organizaciones, en 2018 con el nombre Corporaciones de Beneficio e Interés Colectivo lo hace Colombia, siendo el primer país de América Latina en introducir este tipo de legislación. 

En 2017 el Comité Económico y Social Europeo publica un dictamen exploratorio etiquetando este tipo de organizaciones como “Nuevos Modelos Económicos Sostenibles”, y que formula diez recomendaciones clave, entre otros habla de: la creación de un observatorio que funcione como palanca de cambio, promover y desarrollar indicadores que permitan el seguimiento de los nuevos modelos económicos, apoyar la formación y la información de estos temas, y generar HUBs que sirvan para mover financiación y facilitar a los consumidores información objetiva.

El Cuarto Sector

En realidad esta transformación no comienza con la caída de Lemann Brothers, antes de 2008 existían ya muchísimas organizaciones “híbridas” y redes con propósitos más allá de simplemente ganar dinero, también entidades garantes como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) buscaban impulsar la creación de una economía más próspera, justa y sostenible.

En 1998 comienza a funcionar un grupo de trabajo en The Aspen Institute, que termina con la presentación en el 2009 del informe “The Emerging Fourth Sector”, cuyo propósito no difiere de esfuerzos anteriores, y es aglutinar bajo un gran paraguas lo que durante los últimos veinte años se ha venido etiquetando de distintas maneras: economía social, innovación social, innovación ciudadana, nuevas economías, economía sostenible etc.

En 2017 la Secretaría General Iberoamericana, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Foro Económico Mundial presentaron un proyecto para el impulso de esta iniciativa en los 22 países de la comunidad Iberoamericana, con varios objetivos: 

Crear un marco teórico que sustente esta iniciativa, difundir el concepto del Cuarto Sector y los ODSs y el asesoramiento de Políticas Públicas de los distintos países iberoamericanos.

El papel de las ciudades

Pareciera que la existencia de este nuevo sector económico, más la entrada en el mercado de los Millennials cobra sentido observando el contexto actual. No es un secreto que el crecimiento urbano que hemos experimentado los últimos decenios, ha generado múltiples retos por resolver a muy corto plazo. De hecho, El objetivo 11.7 de los ODS habla de la importancia de apoyar los vínculos económicos sociales y ambientales positivos en las zonas urbanas, periurbanas y rurales para mejorar la calidad de vida de las personas.

Pero es en la implementación donde todo comienza a generar incertidumbre. Si es sabido por todos que las leyes van siempre por detrás de la sociedad, es muy fácil prever que el marco legal que se construya en torno al Cuarto Sector, como si de una fotografía se tratara, resolverá las necesidades temporales de la sociedad, Pero ¿Y en el futuro?

Aquí es donde cobra importancia el papel de la ciudad y su capacidad de permanencia en el tiempo. 

Sabemos de la gran capacidad de adaptación que tiene la ciudad, hemos visto cómo se transforman y adaptan a las nuevas formas de vida de sus habitantes. La pregunta entonces es ¿Cómo podríamos aprovechar las características de transformación que tienen las ciudades a nuestro favor? ¿Cuáles son las palancas que se tienen que activar desde la ciudad para que las organizaciones del futuro tengan integradas en su ADN el Triple Balance?

 ¿Cómo podríamos usar las ciudades para prototipar e implementar de este nuevo paradigma económico? ¿Podrían herramientas como el urbanismo táctico aportar en la implementación de las nuevas economías?

Y aún más importante, si introducimos la lógica intergeneracional en la ecuación, nosotros: la generación de “Baby boomers” y la generación “X”, estamos sentando las bases económicas para una sociedad que está en plena transformación. Y es que el verdadero reto de El Cuarto Sector aún no ha llegado, ese momento llegará cuando la generación “Millenial”, “Z” o la futura generación “Alpha”, tengan que escalar este nuevo sistema para por fin dejar atrás la vieja economía. Y el espacio perfecto para diseñar esto es en la ciudad.

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